Leyendas Mexicanas de Terror

La niña y los chaneques

La niña y los chaneques

Una persona de Minatitlán, una ciudad del sur de Veracruz, me contó una leyenda que sucedió en un pueblo cercano a ese lugar, ahora te la quiero contar a ti. En una ocasión, una niña como de cuatro o cinco años, aproximadamente, llamada Malinalli, se perdió en el pueblo. Sus padres estaban angustiadísimos y pidieron la ayuda de los vecinos. Todos salieron a buscarla muy solidarios. Pasaron los días, y por más esfuerzos que hicieron nadie pudo encontrar a la chiquilla. La gente juraba que a la niña se la habían comido los animales, o que alguien la había atacado y asesinado, porque esa zona es pura selva.

Como a los diez días de que se había perdido, la niña apareció de pronto. No tenía ningún rasguño ni nada malo. Al verla, sus padres le preguntaron dónde había estado, quién la había cuidado, porque no se veía ni lastimada ni hambrienta como cabría suponer. La niña Malinalli dijo que se había perdido y que llegó al río que estaba cerca del pueblo, donde se había encontrado a unos niños chiquitos, que andaban encueraditos, que la invitaron a jugar. Ella se fue con ellos. Los niñitos le hacían pastelitos de lodo, tortitas de lodo, y eso es lo que le daban de comer. En la noche la levantaban hasta las copas de los árboles, para que los animales no le pudieran hacer nada, y la cobijaban entre ellos para que no le pasara nada. Pero al poco tiempo, Malinalli empezó a decir que extrañaba a sus papás y que quería regresar a su casa. Entonces los niñitos, que en realidad eran chaneques, esas criaturas que viene del Inframundo y cuidan las aguas, los montes y los animales salvajes, asustan a las personas y les hacen maldades, la bajaron del árbol donde estaba y la colocaron en un camino desde donde ella ya podía llegar al pueblo.

Así es como regresó la niña. Se salvó de una buena, porque los chaneques suelen enfermar a las personas, les roban el alma y les ocasionan mil trastornos. Son chiquitos, así como niños de un metro, con los pies al revés, cuerpo deforme, y con rostro de niño. ¿Sabes? Yo ya los he visto, una vez me pusieron todo lo que estaba en el cuarto de baño de cabeza. Son terribles, pero esta vez se portaron muy bien con Malinalli.

 Sonia Iglesias y Cabrera